domingo, 1 de marzo de 2015

Ocho apuntes y un qué hacer en la guerra de la información

 
Iris Varela en el II Foro Permanente de Pensamiento y Acción Foto: Natacha Guevara, tomado de http://albaciudad.org/




















Uno
Iris Varela Rangel, actual Ministra del Poder Popular para el Servicio Penitenciario, en su intervención en el II Foro Permanente de Pensamiento y Acción, contó al público asistente sobre una asamblea extraordinaria realizada por el MVR en el año 97 en el club Mañongo de la ciudad de Valencia, en donde asistieron cerca de mil delegados de distintas partes del país. Allí se decidió la participación en las próximas elecciones; “muchos pensábamos en que esa no era la vía” comentó, el temor del saboteo electoral y el robo de las elecciones por parte de la élite no era gratis, tenían el control total de todos los espacios de la institucionalidad oficial y no oficial.

En esta discusión se lanzó la premisa bolivariana para la agitación: Echemos el miedo a la espalda y salvemos la patria.

Dos
Los resultados de la elección en que se decidió participar ya son historia. Con las coincidencias que nos encontramos en cada proceso consultivo, en constante transformación y recrudecimiento conforme pasan los años y se radicaliza y gana terreno el proyecto bolivariano: campañas agresivas de sabotaje económico, eléctrico, individualidades divisionistas que siempre estuvieron del otro lado, asesinatos selectivos, devenir de las zonas fronterizas en hervidero de la infiltración e injerto paramilitar-contrabandista, y la más importante: la guerra mediática y psicológica, con actores tanto dentro como fuera del país que amplifican el resto de las primeras, con el pueblo como principal objetivo, para quebrantar su moral y salud emocional.

Buscan revertir la conciliación de identidad y ser venezolanos que condujo Hugo Chávez como dialogante y agente unificador histórico, que en medio de tantas contradicciones,  más allá de nuestra conformación como sociedad rentista, saltamos e ignoramos la viveza criolla y la flojera impuestas por la élite a punta de telenovelas, concursos de belleza y los más terribles programas que estereotipan y humillan la venezolaneidad.

A eso quieren volver, a punta de cañón psicológico, a punta de miedo al por mayor en toda herramienta que transporte, comunique y multiplique información.

Tres
Todas las aseveraciones anteriores han sido dichas mil y un veces desde nuestros espacios de reflexión y la del colectivo intelectual que conforma el pueblo en revolución: comunicadores populares, individualidades, organizaciones comunitarias de comunicación, tuiteros, blogueros, grupos de investigación, la institucionalidad del estado a través de diferentes campañas y acciones para contrarrestar la arremetida mediática. Cada quien desde su espacio ha aportado para socializar las respuestas a la guerra impuesta por los intereses del imperialismo, sus aliados europeos y en la región (recordar triángulo Madrid – Bogotá – Miami) por supuesto, con sus representantes visibles en nuestro país, conocidos de sobra por sus acciones golpistas y más de una conspiración develada a tiempo por la inteligencia militar bolivariana.

Cuatro
El diagnóstico requiere de un tratamiento. Leer la guerra y sus mecanismos nos ha llevado a plantarnos objetivos para contrarrestarla con el histórico desenlace de perder o reafirmar nuestra lucha, perder sería perderlo todo o casi todo; el objetivo del 2015 es en palabras del Presidente Maduro: 1) Ganar la guerra económica 2) Ganar las elecciones. Ambas acciones trascendentales para la continuidad de la Revolución.

Cinco
Muchos proclaman tener las respuestas para salir de esta refriega. Muchas acciones se han realizado y algunas funcionan así como otras no tienen el mayor éxito que esperamos ¿Estaremos entendiendo lo que sucede? ¿Nos están conduciendo a otros espacios de lucha mientras la batalla es en otro lado? ¿Si el terreno es el de la comunicación y la información qué estaremos haciendo mal? Si tenemos televisoras, radios comunitarias, cientos de ciberactivistas, medios impresos, comunicadores populares, reflexólogos, opinólogos y demás fauna especialista. Y ya sabemos que es una mínima porción en cuanto a todos los medios a disposición de la derecha nacional y transnacional, sin embargo, en una guerra irregular como la que nos están aplicando, tenemos cierto músculo para afrontarla, tal como lo hemos estado realizando.

Seis
En un reciente artículo, el Ministro del Poder Popular para la Cultura, Reinaldo Iturriza, a propósito de la guerra económica, comenta que el trabajo de la revolución no es administrar bien al capitalismo sino construir la sociedad nueva. En cuanto a esta lógica ¿No estaremos dando respuestas a la guerra en cuanto a la lógica del sistema? ¿Si son laboratorios de información, es decir, construcciones ficticias, simulacros de la realidad los preparados por las transnacionales de la información, está bien responder matriz con matriz? Ante las revelaciones de Edward Snowden y Julian Assange ¿No son las redes sociales espacios para la sistematización, control y espionaje de la población? Estamos ante el reto que precisamente es del que va una revolución: salir del deber ser. Subvertir. Romper la entropía de la información a la que nos ha sometido la élite que pretende hacerse nuevamente de nuestros recursos.  

  
Siete
Nos ha sorprendido la guerra respondiendo a las preguntas del sistema en su mismo lenguaje. Revisemos épicas de nuestra revolución y encontraremos nuestro idioma, todas espontáneas, naturales, fuera del laboratorio, nacidas en la intuición y la necesidad, en el idioma del pueblo: El Caracazo. Rumores del pueblo enardecido que desde Guarenas se extienden hasta la ciudad capital y el resto del país para darle el primer K.O al Fondo Monetario Internacional. 4F. Un mensaje de un venezolano que enciende el corazón de millones de otros venezolanos, nace el Comandante Chávez en el imaginario popular, éste a su vez lo enciende y hace con él lo que le da la gana, replicando el mensaje, para después tener al hombre recorriendo cada espacio del país con el mensaje que le daba el mismo pueblo. 11 y 13 de abril. Sin tuiter, sin guasap, sin opinólogos, sin salas situacionales, sin Facebook, el pueblo se comunica como puede y salva a Chávez en la gran proeza cívico-militar.

Ocho
El enemigo ha entendido algunas formas en las que funcionamos y conforme diagnostica nos ataca, además del bombardeo mediático convencional, nos llena de rumores. No repito alguno aquí porque ya sabemos qué sucede. No ha tenido mayor representación en la realidad el cuento de García Márquez de “Algo grave va a pasar en este pueblo…”, más de una cola se hace al escuchar aquí llegó esto, más de un anaquel vacío antes de un evento electoral, antes de finalizar el año, antes de algún rumor que se soltó “inocentemente” desde algún mensaje o algo que escuché en la esquina, en el banco, en el transporte público. No es coincidencia que los asesores de la guerra sucia sean especialistas en la materia. No es coincidencia que tipos como Cass Sustein sea el encargado de la oficina de información de Obama, nada más y nada menos que un renombrado especialista en rumores, en “rumorología”.

Nueve

¿Qué hacer? Seguir haciendo, más bien. Cada vez afinar más nuestra articulación desde todos los frentes. Además de utilizar los mecanismos “convencionales” de la información y la comunicación, volver a las formas de comunicación de antes. La radio bemba servía y servía bien. Sirve. Hay un ejército rumorista de la realidad que es real, y no es el agente provocador tarifado que provoca la zozobra y genera malestar en la opinión pública, millones que pueden seguir en la gigante tarea de socializar la verdad, líderes y lideresas de opinión de sobra, que contribuyen y contribuirán para avivar el movimiento, la acción; hay condiciones de sobra, infraestructura de conocimiento, tejido social organizado, redes de solidaridad para seguir acercándonos y afinar nuestros mecanismos de lucha en la unidad, en la asamblea extraordinaria permanente del intelectual colectivo, para echar todos los miedos que nos han impuesto y salvar la patria.